Originality Isn’t About Reinventing the Wheel — It’s About Trusting Your Voice
- sydneyconteh4
- 6 days ago
- 8 min read

French and Spanish translation available below
If you’re a writer working today, especially in spaces influenced by games and anime, you’ve probably felt the pressure. Everything feels familiar. Every idea seems like it already exists somewhere else. Post-apocalyptic wastelands, long-running shonen journeys, experimental indie games — it can feel as though originality is a standard you’re expected to meet rather than something you’re allowed to grow into.
But originality was never meant to be a barrier. It was meant to be a direction.
Familiar Worlds Don’t Mean Unoriginal Voices
Look at Fallout. On paper, it’s a well-worn setting: nuclear ruin, scavengers, and fractured societies. What gives it lasting impact isn’t novelty, but perspective. Its characters reflect different beliefs about power, survival, and control, all filtered through a distinct tone that never apologizes for what it is.
Mad Max exists in a similar space. The world is stripped down and brutal, yet Max himself is defined by restraint. He isn’t there to explain the wasteland or dominate it — he’s there to survive it without losing himself. That clarity of purpose gives the character strength, even in silence.
The lesson for writers is simple: your setting doesn’t need to be new. Your point of view does.
Repetition Isn’t the Enemy — Emptiness Is
Genres repeat because they work. Shonen stories return to growth, rivalry, and persistence because those ideas resonate. Dragon Ball didn’t become iconic by avoiding familiar structure, but by committing to it with sincerity. Goku’s desire to improve isn’t ironic or cynical — it’s joyful, and that joy carries the story forward.
One Piece does something similar. Its world is enormous, but its heart is personal. Luffy’s pursuit of freedom isn’t abstract; it shapes how he treats others and what he’s willing to sacrifice. The characters feel alive because their dreams are specific, and because the story respects them.
As a writer, you don’t need to escape the genre you love. You need to understand why you love it.
When Stories Feel Personal, They Feel Original
Some works stand out not because they’re louder, but because they’re more honest. Inscryption uses familiar mechanics, then slowly pulls them apart to question control, authorship, and identity. Its originality comes from intention, not complexity.
To Your Eternity is even quieter. Fushi begins as something empty, learning what it means to be human through connection and loss. The story doesn’t rush his growth or soften its consequences. It trusts the audience — and the character — to sit with discomfort. That trust is what makes the story memorable.
Originality often shows up when a writer allows a character to be incomplete.
What This Means for Writers
If you’re trying to write something “original,” it’s easy to freeze. But confidence doesn’t come from avoiding influence — it comes from understanding yourself within it.
Your ideas are allowed to resemble the things that inspired you.
Your characters are allowed to start small and grow slowly.
Your voice is allowed to exist before it feels perfected.
Stories gain strength when writers stop asking, “Has this been done before?” and start asking, “What do I want to say through this?”
Originality Grows With Confidence
The most lasting characters in games, anime, and fiction weren’t created by chasing trends or approval. They were created by writers who trusted their instincts enough to be clear, personal, and patient.
At its core, originality isn’t about proving yourself.
It’s about giving yourself permission.
To write honestly.
To write imperfectly.
To write with intent.
That’s where independence begins — and that’s where real creative confidence is built.
Author: John Marchant Cabello
Espanol: La originalidad no consiste en reinventar la rueda, sino en confiar en tu voz.
Si eres escritor y trabajas hoy en día, especialmente en entornos influenciados por videojuegos y anime, probablemente hayas sentido la presión. Todo te resulta familiar. Cada idea parece existir en otro lugar. Tierras baldías postapocalípticas, viajes shonen de larga duración, juegos indie experimentales... puede parecer que la originalidad es un estándar que se espera que cumplas, en lugar de algo en lo que te permiten crecer.
Pero la originalidad nunca se concibió como una barrera. Se concibió como una dirección.
Mundos familiares no significan voces poco originales
Mira Fallout. En teoría, es un escenario trillado: ruinas nucleares, carroñeros y sociedades fracturadas. Lo que le da un impacto duradero no es la novedad, sino la perspectiva. Sus personajes reflejan diferentes creencias sobre el poder, la supervivencia y el control, todo ello filtrado a través de un tono distintivo que nunca se disculpa por lo que es.
Mad Max existe en un espacio similar. El mundo es despojado y brutal, pero el propio Max se define por la moderación. No está ahí para explicar el páramo ni para dominarlo; está ahí para sobrevivir sin perderse a sí mismo. Esa claridad de propósito le da fuerza al personaje, incluso en silencio.
La lección para los escritores es simple: su escenario no necesita ser nuevo. Su punto de vista sí.
La repetición no es el enemigo, el vacío sí.
Los géneros se repiten porque funcionan. Las historias shonen vuelven al crecimiento, la rivalidad y la persistencia porque esas ideas resuenan. Dragon Ball no se volvió icónico por evitar la estructura familiar, sino por comprometerse con ella con sinceridad. El deseo de Goku de mejorar no es irónico ni cínico; es alegre, y esa alegría impulsa la historia hacia adelante.
One Piece hace algo similar. Su mundo es enorme, pero su esencia es personal. La búsqueda de libertad de Luffy no es abstracta; moldea cómo trata a los demás y lo que está dispuesto a sacrificar. Los personajes se sienten vivos porque sus sueños son específicos y porque la historia los respeta.
Como escritor, no necesitas escapar del género que amas. Necesitas entender por qué lo amas.
Cuando las historias se sienten personales, se sienten originales
Algunas obras destacan no por ser más impactantes, sino por ser más honestas. Inscryption utiliza mecánicas familiares y luego las desmenuza lentamente para cuestionar el control, la autoría y la identidad. Su originalidad proviene de la intención, no de la complejidad.
To Your Eternity es aún más silenciosa. Fushi comienza como algo vacío, aprendiendo lo que significa ser humano a través de la conexión y la pérdida. La historia no apresura su crecimiento ni suaviza sus consecuencias. Confía en que el público, y el personaje, se sientan cómodos con la incomodidad. Esa confianza es lo que hace que la historia sea memorable.
La originalidad a menudo surge cuando un escritor permite que un personaje esté incompleto.
Qué significa esto para los escritores
Si intentas escribir algo "original", es fácil quedarse paralizado. Pero la confianza no proviene de evitar la influencia, sino de comprenderte a ti mismo dentro de ella.
Tus ideas pueden asemejarse a las cosas que te inspiraron. Tus personajes pueden empezar siendo pequeños y crecer lentamente.
Tu voz puede existir antes de sentirse perfeccionada.
Las historias cobran fuerza cuando los escritores dejan de preguntarse: "¿Ya se ha hecho esto antes?" y empiezan a preguntarse: "¿Qué quiero transmitir con esto?".
La originalidad crece con la confianza
Los personajes más duraderos en videojuegos, anime y ficción no se crearon siguiendo modas ni la aprobación de nadie. Fueron creados por escritores que confiaron en sus instintos lo suficiente como para ser claros, personales y pacientes.
En esencia, la originalidad no se trata de demostrar tu valía.
Se trata de darte permiso.
Escribir con honestidad.
Escribir de forma imperfecta.
Escribir con intención.
Ahí es donde comienza la independencia y donde se construye la verdadera confianza creativa.
française: L'originalité ne consiste pas à réinventer la roue, mais à faire confiance à sa voix.
Si vous êtes un auteur contemporain, surtout dans les milieux influencés par les jeux vidéo et l'anime, vous avez probablement déjà ressenti cette pression. Tout semble familier. Chaque idée paraît déjà vue ailleurs. Terres désolées post-apocalyptiques, sagas shōnen interminables, jeux indépendants expérimentaux… On a parfois l'impression que l'originalité est une norme à respecter plutôt qu'une voie à explorer.
Pourtant, l'originalité n'a jamais été un obstacle, mais une direction.
Des univers familiers ne signifient pas des voix sans originalité.
Prenons l'exemple de Fallout. Sur le papier, son cadre est un classique : ruines nucléaires, survivants et sociétés fracturées. Ce qui lui confère son impact durable, ce n'est pas la nouveauté, mais la perspective. Ses personnages reflètent différentes conceptions du pouvoir, de la survie et du contrôle, le tout filtré par un ton singulier qui assume pleinement sa nature.
Mad Max évolue dans un univers similaire. Le monde est dépouillé et brutal, pourtant Max lui-même se définit par sa retenue. Il n'est pas là pour expliquer ce désert ni pour le dominer ; il est là pour y survivre sans se perdre. Cette clarté d'intention confère au personnage une force, même dans le silence.
La leçon pour les auteurs est simple : votre cadre n'a pas besoin d'être original. Votre point de vue, lui, doit l'être.
La répétition n'est pas l'ennemie – c'est le vide qui l'est.
Les genres se répètent parce qu'ils fonctionnent. Les histoires shōnen reviennent à la progression, à la rivalité et à la persévérance car ces idées résonnent en chacun de nous. Dragon Ball n'est pas devenu iconique en évitant une structure familière, mais en s'y engageant avec sincérité. Le désir de Goku de s'améliorer n'est ni ironique ni cynique – il est joyeux, et cette joie fait avancer l'histoire.
One Piece fait quelque chose de similaire. Son monde est immense, mais son cœur est personnel. La quête de liberté de Luffy n'est pas abstraite ; elle façonne sa façon de traiter les autres et ce qu'il est prêt à sacrifier. Les personnages semblent vivants car leurs rêves sont précis et parce que l'histoire les respecte.
En tant qu'écrivain, vous n'avez pas besoin de fuir le genre que vous aimez. Vous devez comprendre pourquoi vous l'aimez.
Quand les histoires sont personnelles, elles sont originales.
Certaines œuvres se distinguent non pas par leur ampleur, mais par leur authenticité. « Inscryption » utilise des mécanismes familiers, puis les déconstruit progressivement pour interroger le contrôle, la notion d'auteur et l'identité. Son originalité réside dans l'intention, non dans la complexité.
« To Your Eternity » est encore plus intimiste. Fushi commence comme un être vide, découvrant ce que signifie être humain à travers les liens et les pertes. L'histoire ne précipite pas son évolution ni n'en atténue les conséquences. Elle fait confiance au lecteur – et au personnage – pour accepter le malaise. C'est cette confiance qui rend l'histoire mémorable.
L'originalité se manifeste souvent lorsqu'un écrivain permet à un personnage d'être incomplet.
Ce que cela signifie pour les écrivains
Si vous essayez d'écrire quelque chose d'« original », il est facile de se retrouver paralysé. Mais la confiance ne vient pas du refus des influences – elle vient de la compréhension de soi-même au sein de celles-ci.
Vos idées peuvent ressembler à ce qui vous a inspiré.
Vos personnages peuvent commencer modestement et évoluer lentement.
Votre voix peut exister avant d'être parfaite.
Les histoires gagnent en force lorsque les auteurs cessent de se demander : « Est-ce que ça a déjà été fait ?» et commencent à se demander : « Qu'est-ce que je veux exprimer à travers cela ?»
L'originalité s'épanouit avec la confiance.
Les personnages les plus marquants des jeux vidéo, des animés et de la fiction n'ont pas été créés en suivant les tendances ou en recherchant l'approbation. Ils ont été créés par des auteurs qui ont fait suffisamment confiance à leur instinct pour être clairs, personnels et patients.
Au fond, l'originalité ne consiste pas à faire ses preuves.
Il s'agit de s'autoriser à écrire.
À écrire avec sincérité.
À écrire avec imperfection.
À écrire avec intention.
C'est là que commence l'indépendance — et c'est là que se construit la véritable confiance créative.



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